This Modern Life Un blog de Ibai Garcia

5Abr/101

Ecosístemas de ayuda

Esta entrada viene motivada por estas notas recogidas en la mesa redonda sobre: "Customer support in a 140 characters world" en el pasado evento SXSWi.

Lo que viene a resumir en algo más de un Tweet es que nuestros usuarios están buscando ayuda allá donde están y de ahí a que plataformas como Twitter, Facebook o LinkedIn se estén convirtiendo cada día más en el centro de asistencia global. Tal como antes preguntábamos a nuestros amigos antes de llamar a Telefónica (a sabiendas del sufrimiento y el dolor de riñones que la llamada nos puede provocar), ahora lo hacemos en las redes en las que nos encontramos.

Ante este panorama las empresas tienen dos opciones. La de muchas, hacer caso omiso a esta nueva tendencia y esperar a que llamen a nuestra puerta a consultarnos o aprovecharnos de esta nueva tendencia y ganar una base de evangelizadores de nuestro producto/marca. Posiciones como "nosotros no damos soporte en Twitter" o "No tenemos una presencia activa en Facebook" no significa que tu producto no esté siendo comentado en estas redes, y si no ayudamos a que esta experiencia se convierta en una experiencia positiva lo que queda es el grito de frustración del usuario, correspondientemente indexado en los buscadores para la posteridad.

La parte interesante y nueva de esta situación es el hecho de que cuando buscamos ayuda en estas plataformas ajenas al producto en cuestión esperamos recibir ayuda de nuestros semejantes y no de la empresa responsable, pero cuando esto último ocurre el efecto es multiplicador y la satisfacción aumenta dramáticamente. Al contrario que la ya conocida máxima de que "un cliente satisfecho se lo cuenta a 3 amigos pero uno insatisfecho se lo cuenta a 3000", en la nueva economía de las redes un cliente sorprendido positivamente por el servicio es capaz de generar un efecto viral y un buzz que aporta un gran valor a nuestra marca.

Los problemas son los de siempre, dar este paso implica salir de nuestra área de comfort y trabajar en áreas desconocidas y no tan directamente asignables a nuestros objetivos comerciales. Ideas que se venden fácil pero no terminan de implementarse.

10Dic/091

¿Seguir o no seguir? He ahí el dilema

Llevo días dándole vueltas a escribir una entrada acerca de la necesidad o no de seguir a todos nuestros "followers" en Twitter.

Por un lado, "gurús" a la altura de Guy Kawasaki lo incluyen en las mejores prácticas del canal, pero este mismo nos "spamea" con tweets repetidos algo que en mi opinión es muy cuestionable.

Por el otro lado, tenemos el problema de que a partir de cierta cantidad de canales en nuestra lista, los tweets que recibimos comienzan a ser inmanejables. Para salvarnos de esto, bien es cierto, que disponemos de herramientas que incluyen las propias listas de Twitter.

Por último, al contrario que Facebook, el propio sistema invita a la comunicación asíncrona: yo leo lo que tu dices, pero tu no tienes interés en lo que yo digo por lo que no me sigues. Si, también es cierto, que de bien nacido es agradecido.

Y es que hoy alguien en "Le Web" comentaba que Twitter no pretende crear comunidades ni pretende ser una reunión de amigos. Es un lugar, y en esto estoy de acuerdo, que la gente va y comparte lo que le interesa. De igual modo que un blog, si a alguien le parece que lo que tienes que decir tiene un valor te seguirá pero en caso contrario, no lo hará. Esta opinión no debería cambiar en base a que a ti te parezca interesante lo que yo diga.

¿Por qué? Porqué el "follow back" es más un acto de cortesía que algo que aporte valor real. Y en cambio, tal y como hemos comentado, provoca mucho ruido llegados ciertos límites. Podemos usar listas, cierto, pero entonces las cuentas que seguimos dejan de tener valor y pasan a ser el equivalente de un "amigo en Facebook" en comparación con un amigo en el mundo real: más falso que un iPhone chino.

En definitiva, hacer mofa porque algunos respetados analistas-estudiosos de la Red no os devuelvan los "follows" no implica que no entiendan el medio. O quizás es que yo tampoco lo entiendo.

4Oct/091

La delgada línea

Esta última semana en varias conversaciones alguien ha pronunciado la palabra “awareness”, término habitual en el Marketing clásico para hacer referencia a estrategias basadas en que nuestra marca se de a conocer y/o que nuestro cliente potencial nos tenga en cuenta a la hora de ejecutar su decisión de compra.

El problema surge a la hora de migrar estas iniciativas a la Red. A la hora de ejecutar estas campañas nos enfrentamos al peligro de hacer Spam, con un efecto totalmente opuesto al deseado. Aparecer en cada página, en cada click, en cada tweet, correo electrónico... no es lo que el usuario espera, aunque haya hecho opt-in en todos y cada uno de los servicios.

Si me subscribo a una newsletter, espero tener un tipo de contenido (normalmente promocional), mientras que si me sindico al blog de alguna compañía espero tener otro tipo de contenido (normalmente notas internas o novedades que se están cocinando), si comienzo a seguir alguna de sus cuentas de Twitter o Facebook busco promociones y noticias sobre el sector. Y lo último que espero como persona interesada en la compañía-producto es que se me bombardee con la misma información en todos los medios.

Peor aún son aquellas compañías, y no son pocas, que además de tener un único mensaje para aquellos usuarios fieles que les siguen y están interesados ellas, utilizan estos canales como extensión de sus campañas en páginas web, buscadores, etc. no llegando a entender que se trata de públicos totalmente diferentes.

Comenta tu último post en Twitter sólo si es realmente interesante. Publica en el blog de la compañía el último lanzamiento a modo de nota de prensa, sí pero si se sólo si se trata lanzamiento importante. De lo contrario, si bombardeas todos los canales con la mísma información, los usuarios dejarán de visitarte y perderán todo el interés por seguirte ya que lo único que reciben es eco.

En general, es importante adaptar el mensaje a cada canal y ofrecer un valor añadido a cada uno de ellos. Unificar el mensaje puede facilitar la gestión pero a la larga produce una devaluación del mensaje que es importante tener en cuenta y valorar en su justa medida.

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15May/090

Comunicando, comunicando

Parafraseando uno de los podcast más conocidos de la internet hispana quiero comentar el acontecimiento del día.

Tradicionalmente las empresas se avergonzaban de sus propios errores, y les costaba reconocer abiertamente los fallos ya que esto puede dañar a su imagen.

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Hoy en día, con herramientas tan virales como Twitter o la misma blogosfera, todo termina saliendo a la luz y todo se termina sabiendo. Últimamente Google está en el ojo de este huracán con los varios problemas en Gmail, (también conocidos como Gfails) o el caso de hoy que se ha ralentizado dramáticamente la red.

A raiz de estos últimos problemas, la comunicación a mejorado dramáticamente y además del dashboard de Google Apps, el propio Urs ha comentado hoy en el blog oficial cual ha sido el problema. Sin ningún tipo de problema (valga la redundancia).

Y es que, las redes, por mucho que se intente evitar y que amigos mios trabajen al 200% para que no pase, son inestables. Los productos, no son perfectos, y todo lo creado por el ser humano, tiene posibilidades de fallar. Y no pasa nada. Por que todos somos imperfectos. El problema surge cuando intentamos ocultar las imperfecciones en un entorno en el que nada se puede ocultar. En el que existen analisis de los productos antes de que los productos estén en las tiendas (análisis objetivos y no pagados como antiguamente a revistas), en el que todos tus usuarios están conectados...la comunicación, si no la controlas tu como empresa, la controlarán tus usuarios.

No es algo nuevo. Cluetrain Manifesto ya tiene 10 años. Pero nunca está de más recordar estas cosas.

9May/091

Abiertos 24 horas

Cuando parece que por fin Facebook se confirma como la actual dominadora de las redes sociales, pasando por encima de “viejas glorias” como MySpace o dominadoras locales como Tuenti, cada vez se hace más complicado asumir el entorno cerrado que proponen.

Y es que, a las puertas de la próxima década, nos volvemos a encontrar dos frentes tal y como ocurría al inicio de estos primeros años del milenio. Inicialmente Internet parecía un sitio natural para los portales y que ésta no tenía sentido sin ellos, hasta que nuevas aplicaciones, buscadores y páginas web empezaron a darle fuerza al concepto de plataforma.

El “dámelo hecho” frente al “Juan Palomo”. Lo “cerrado” frente a lo “abierto” (muy matizables estos dos últimos aspectos). Mientras los primeros abanderados por Yahoo intentaban retenernos el mayor tiempo posible en su sitio web, los que favorecían el segundo, abanderados por Google, proponían Internet como un campo abierto donde ellos eran el vehículo perfecto para disfrutar de una mejor experiencia.

Jugar a lo primero es la forma sencilla de rentabilizar el servicio, pero es igualmente la forma más sencilla de perder esta rentabilidad cuando los usuarios nos abandonan, ya que como dice la máxima de la red: “la competencia está a un click de distancia”.

El final de aquella historia ya lo conocemos.

Pero ahora se vuelve a repetir, y la tan aclamada “Web 2.0” vuelve a presentar una batalla similar, a batalla por nuestro “tiempo de navegación”. Facebook y Tuenti se cierran en banda y quieren que nuestra vida online les pertenezca (chat, blogging, fotos, vídeos, microblogging, minijuegos... todo lo que imagines). Por otro lado tenemos infinitas aplicaciones que nos permiten realizar todas estas actividades en comunidad de manera mucho más flexible y abierta.

Pasada la novedad de las redes sociales y situándose ahora en el momento crítico de demostrar que pueden ser rentables, la duda sobrevuela los tejados de estas compañías que la única, aparente, forma que ven de monetizar sus servicios es secuestrando nuestra información. Mientras, servicios como Twitter pueden servir de agregador de otros servicios como Flickr, Youtube o Wordpress, permitiendo convertir Internet en una gran red social basada en pequeñas “redes”.

Nos enfrentamos como siempre al problema de la simplicidad y la integración frente a la potencia y la flexibilidad.

No sé vosotros, pero yo cada día me encuentro más incomodo utilizando Facebook, y encontrando irrelevante todas sus nuevas propuestas, mientras que Twitter evoluciona de una forma natural para situarse como el servicio del que ya no puedo prescindir.

7Ene/090

Ibai está…

Trás un, demasiado largo, tiempo sin actualizar toca empezar el año con una entrada dedicada a la tendencia que parece que ha terminado de despegar en 2008 pero que todavia tiene que alcanzar altura de crucero.

El microblogging ha demostrado en la segunda mitad del año que ha llegado para quedarse. Cada vez más usuarios, desde particulares hasta empresas, han encontrado en aplicaciones como Twitter o Jaiku una herramienta potente para los intereses concretos que necesitaban cubrir.

Y esto es lo que más me fascina de esta herramienta: se lanzó sin mucha idea de para que podría servir, muchos usuarios empezaron a relatar su vida minuto a minuto. Pero poco a poco esto evolucionó hacía lo que es ahora, una amalgama de millones de usuarios cada uno con un tipo de uso muy particular, que le encaja y con el cual se siente cómodo. Desde aquellos que publican vínculos interesantes que van encontrando a medida que navegan, empresas que publicitan sus ofertas, hasta un grueso de usuarios que todavía busca su sitio.

2009 será el año en el que muchos de estos usuarios encuentren su sitio, y en el que aparentemente Twitter encuentre también su modelo de negocio. Al fin y al cabo, ese es su objetivo.