This Modern Life Un blog de Ibai Garcia

5Abr/101

Ecosístemas de ayuda

Esta entrada viene motivada por estas notas recogidas en la mesa redonda sobre: "Customer support in a 140 characters world" en el pasado evento SXSWi.

Lo que viene a resumir en algo más de un Tweet es que nuestros usuarios están buscando ayuda allá donde están y de ahí a que plataformas como Twitter, Facebook o LinkedIn se estén convirtiendo cada día más en el centro de asistencia global. Tal como antes preguntábamos a nuestros amigos antes de llamar a Telefónica (a sabiendas del sufrimiento y el dolor de riñones que la llamada nos puede provocar), ahora lo hacemos en las redes en las que nos encontramos.

Ante este panorama las empresas tienen dos opciones. La de muchas, hacer caso omiso a esta nueva tendencia y esperar a que llamen a nuestra puerta a consultarnos o aprovecharnos de esta nueva tendencia y ganar una base de evangelizadores de nuestro producto/marca. Posiciones como "nosotros no damos soporte en Twitter" o "No tenemos una presencia activa en Facebook" no significa que tu producto no esté siendo comentado en estas redes, y si no ayudamos a que esta experiencia se convierta en una experiencia positiva lo que queda es el grito de frustración del usuario, correspondientemente indexado en los buscadores para la posteridad.

La parte interesante y nueva de esta situación es el hecho de que cuando buscamos ayuda en estas plataformas ajenas al producto en cuestión esperamos recibir ayuda de nuestros semejantes y no de la empresa responsable, pero cuando esto último ocurre el efecto es multiplicador y la satisfacción aumenta dramáticamente. Al contrario que la ya conocida máxima de que "un cliente satisfecho se lo cuenta a 3 amigos pero uno insatisfecho se lo cuenta a 3000", en la nueva economía de las redes un cliente sorprendido positivamente por el servicio es capaz de generar un efecto viral y un buzz que aporta un gran valor a nuestra marca.

Los problemas son los de siempre, dar este paso implica salir de nuestra área de comfort y trabajar en áreas desconocidas y no tan directamente asignables a nuestros objetivos comerciales. Ideas que se venden fácil pero no terminan de implementarse.

8Jul/090

Mezclando la velocidad y el tocino

En pleno revuelo sobre los créditos no asignados de Free, el nuevo libro de Chris Anderson, un post está montando bastante revuelo al intentar desmontar el articulo-libro del editor en jefe de la celeberrima Wired.

Y ántes de poder leer el libro, me gustaría añadir algunos comentarios sobre la entrada en cuestión. Y es que desde el inicio el razonamiento es totalmente erróneo. Un modelo basado en lo gratuito, no es un modelo que no genere beneficio. Esto debería ser una obviedad que parece pasar por alto.

Éste es un tema muy recursivo. Cientos de e-mails en cadena o la nueva tendencia de los grupos en Facebook. El modelo en Internet es, fue y será gratuito para el usuario pero no para los clientes. Si bien es cierto que existen diferentes alternativas como el freemium, los usuarios nos hemos acostumbrado a lo largo de los años a disfrutar de servicios gratuitos, dar marcha atrás ahora y que una empresa pretenda cobrar por ello es un suicidio comercial. Lo más normal será que cualquier grupo de desarrolladores (o empresa con más vista) replique el servicio en días-semanas y ofrecerlo Gratis.

Es como intentar pedirle de vuelta a un niño un caramelo. Puede que lo recuperemos, pero no habrá mucho que se pueda sacar de ahí.

Pero el autor no solo erra en este punto si no que alega que ser gratis significa ser fácilmente sustituido, y es por ello de los ciclos de las redes sociales.

Aquí hay más espacio al debate, pero la conquista y posterior perdida del "territorio" de las redes sociales está más relacionado, en mi opinión, con la curva de adopción de la innovación. "Early adopters" que llegan, encuentran algo que probar y empiezan a jugar con ello. Generan tendencia y otro gran grupo les sigue. Posteriormente se populariza, y el producto comienza a perder interés para los primeros.

En otras palabras, un grupo de geeks aterriza en Twitter, comienzan a usarlo y en su circulo se empieza a popularizar por el potencial. Llegan bloggers y usuarios que han leido lo interesante de la aplicación comienzan a utilizarla. Los circulos de amigos crecen y el "boca a oreja" tanto en MundoReal como en los círculos de virtuales hacen que la red crezca. El buzz generado, hace que la curva de adopción se dispare y empiezas a encontrarte hasta tus progenitores en ella. Tiempo en el cual, los primeros "colonos" abandonan el "territorio" por dos razones principales: el ratio señal/ruido que alcanza la red es excesivo y no hay necesidad de que la señal que ellos generan pueda ser captada por decenas de personas que no les interesa.

En este caso sí que es muy fácil empaquetar la casa y marcharse, ya que lo que a alguien le podría parecer importante (contactos, información que dejan, etc) no es relevante en este caso, por que para entonces la red social se ha convertido en un estercolero. Pasó con el IRC-hispano como forma primitiva de red social, pasó en Fotologs, es-flogs y demás, pasó en mySpace y curiosamente está pasando en Facebook.

En resumen, la migración se da más por irse a un sitio limpio que por irse a un sitio mejor.

Este no es el caso de Google vs Yahoo, donde se trata de una redefinición de la página de inicio del navegador del que ya he hablado en anteriores ocasiones, así que no me voy a repetir.

Y todo ello sucediendo a una velocidad muy superior a la evolución de las empresas no-digitales.

9May/091

Abiertos 24 horas

Cuando parece que por fin Facebook se confirma como la actual dominadora de las redes sociales, pasando por encima de “viejas glorias” como MySpace o dominadoras locales como Tuenti, cada vez se hace más complicado asumir el entorno cerrado que proponen.

Y es que, a las puertas de la próxima década, nos volvemos a encontrar dos frentes tal y como ocurría al inicio de estos primeros años del milenio. Inicialmente Internet parecía un sitio natural para los portales y que ésta no tenía sentido sin ellos, hasta que nuevas aplicaciones, buscadores y páginas web empezaron a darle fuerza al concepto de plataforma.

El “dámelo hecho” frente al “Juan Palomo”. Lo “cerrado” frente a lo “abierto” (muy matizables estos dos últimos aspectos). Mientras los primeros abanderados por Yahoo intentaban retenernos el mayor tiempo posible en su sitio web, los que favorecían el segundo, abanderados por Google, proponían Internet como un campo abierto donde ellos eran el vehículo perfecto para disfrutar de una mejor experiencia.

Jugar a lo primero es la forma sencilla de rentabilizar el servicio, pero es igualmente la forma más sencilla de perder esta rentabilidad cuando los usuarios nos abandonan, ya que como dice la máxima de la red: “la competencia está a un click de distancia”.

El final de aquella historia ya lo conocemos.

Pero ahora se vuelve a repetir, y la tan aclamada “Web 2.0” vuelve a presentar una batalla similar, a batalla por nuestro “tiempo de navegación”. Facebook y Tuenti se cierran en banda y quieren que nuestra vida online les pertenezca (chat, blogging, fotos, vídeos, microblogging, minijuegos... todo lo que imagines). Por otro lado tenemos infinitas aplicaciones que nos permiten realizar todas estas actividades en comunidad de manera mucho más flexible y abierta.

Pasada la novedad de las redes sociales y situándose ahora en el momento crítico de demostrar que pueden ser rentables, la duda sobrevuela los tejados de estas compañías que la única, aparente, forma que ven de monetizar sus servicios es secuestrando nuestra información. Mientras, servicios como Twitter pueden servir de agregador de otros servicios como Flickr, Youtube o Wordpress, permitiendo convertir Internet en una gran red social basada en pequeñas “redes”.

Nos enfrentamos como siempre al problema de la simplicidad y la integración frente a la potencia y la flexibilidad.

No sé vosotros, pero yo cada día me encuentro más incomodo utilizando Facebook, y encontrando irrelevante todas sus nuevas propuestas, mientras que Twitter evoluciona de una forma natural para situarse como el servicio del que ya no puedo prescindir.

8Sep/081

F-Ad-Book

Estoy harto de Facebook. Harto de su molesta publicidad. De que volvamos 10 años atras en el tiempo en materia de anuncios digitales. De su nula contextualidad y su maltrato reiterado al usuario.

Hace unos meses todavía consideraba a Mark Zuckerberg como un visionario. El hecho de plantar cara a las diferentes ofertas por su empresa hacía pensar que tenía un plan magnífico que le permitiría sacar un rédito aún mayor a toda la información que desvelamos a la compañía. Pero no es así.

El rechazo de las ofertas es más probable que fuera debido a unos malos consejeros, o bien a un mal equipo directivo que a día de hoy es incapaz de sacar partido a la red social por excelencia.

Y es que los modelos de negocio actuales no encajan, tal como ya comenté meses atrás en relación a Tuenti, con las redes sociales. Tienen toda nuestra información, así que cuanto menos deberían molestarse en poner anuncios que nos interesen, y es más, diría que es vital no abrumar al usuario con anuncios y buscar nuevas fuentes de ingreso a cambio de eso tan valioso que llamamos información.

Ya sé que esta entrada suena más a pataleta que a algo meditado, pero llevo días observando los anuncios que aparecen en mi cuenta y no he contado ninguno (de docenas que se han impreso) que si quiera pudiera interesarme en un momento dado.

Así que señores de Facebook, desde aquí os digo, ¡No quiero descargarme politonos!